jueves, 28 de julio de 2016

27 de Julio 8:45 pm

Dos veces antes, en el pasado. Una ayer. Ya son tres. La violencia no es la solución, siempre lo he dicho, pero cómo le metes neuronas a la gente. La noche de ayer me golpearon en frente de un comitiva de alumnos; las groserías hacía mi persona brotaron cual tapa de alcantarilla es destapada para que salgan sus respectivos huéspedes y podredumbre, el show comenzaba cual esquina de alguna vecindad de condominios de clase media acostumbrada a ver novelas donde llaman despectivamente  los unos a los otros "marginados". Todos los espectadores huyeron, como si la alarma sísmica hubiera sonado, en el fondo creo que comprendo su discreción mediada. Me acusaron de "zorra", "de amante". En este punto: ¿es necesario aclarar a algún lector que se esté preguntando por curioso: ¿y son verdad las acusaciones en contra tuya? La respuesta es No, no son verdad, de ninguna manera, ese no es mi estilo. Soy más elegante y tradicional, prefiero el matrimonio. Por desgracia eso no basta para unos oídos que no escuchan, una lengua viperina, y una crisis existencial de mujer de 50 años. 

No me considero ninguna diosa de la belleza o inteligencia, pero sé destacar por mi disciplina y carácter, pero en serio, el ser llamativa tiene también desventajas: un pómulo inflamado, cabeza hinchada, difamación, moretones, amenazas, humillaciones...

Si llegamos a los 50 años y se presenta una crisis en nuestras vidas, no golpeemos a la gente joven acusándola de "robar nuestro lugar", de nuestros fracasos, escoger a un chivo expiatorio y crucificarlo frente a todos, mucho menos a alguien que vive más en Neptuno que en la Tierra, un onirista. Mejor descubran la masturbación,  hagan un viaje, en barco o avión, abandonen viejos patrones, aprendan algún talento oculto, inicien un nuevo romance, corten su cabello de alguna manera estrafalaria, visiten niños o gente desahuciada, vayan al mar o de plano dense un tiro, pero no lastimen a alguien inocente. 

Desde el Sur de la Ciudad un corazón golpeado.