sábado, 9 de julio de 2016

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Estuve en el jardín. Orando por mi vida. Busqué el canto de mi pájaro. Tuve poco tiempo para pensar en mis pecados, el viento me cubría de incertidumbre e hice un juramento. Me deslice entre la noche más oscura y larga de mi corta vida, vi a la muerte accionar un cronómetro. Ahí, en el jardín, encontré mi libertad; descubrí que tenia que luchar sola desde mi oscuridad y vacío, vi el amor emerger de las flores que nunca mire, hasta ese momento. Ahora las amo profundamente, me percaté de su reverberancia única y genuina. Entonces apareció ante mí su presencia como un ave fénix ardiendo en llamas, vestido de colores oscuros y brillantes usando una cruz en mi nombre, lleno de luz, resplandor y gloria. Dijo "baila en mí, mujer,  baja de la cuerda floja, mira el reflejo en mis ojos, ahí está el verdadero rostro de Dios, sumerge tu espíritu en la profundidad y eterno amor de su esencia".  
Conozco el jardín. Mi corazón tiene paz, está en casa. Reconozco mi voz, canto mi melodía.