lunes, 18 de mayo de 2015

La historia es la siguiente (Onírico diciembre)

Sueño que estoy en la antesala de una casa en ruinas, destruida, completamente despedazada, mis ojos se llenan de lágrimas que no escurren por el rostro, se mantienen sujetas a mis pestañas inferiores, la zuela de mis zapatos hace crujir los cristales molidos; escombros de las paredes de la enorme casa caen delante de mí, yo permanezco incrédula, creo que en algún momento la casa se erguirá y tomará la forma hermosa de su arquitectura, la cual no conozco porque nunca la he visto antes de que estuviera destruida, pero tengo la certeza que la conozco como la palma de mi mano. Hay un curioso reloj tirado en el suelo, aún funciona, el marcar de sus estruendosas manecillas me indica que he estado demasiado tiempo ahí, esperando a que la construcción emerja de entre la cenizas, el dolor que siento es indescriptible, no quiero irme, pero tengo que hacerlo, lo que queda de la casa en cualquier momento podría caerme encima y matarme.  Antes de irme, medito, me miro en un pedazo de espejo quebrado de una de las habitaciones que encontré en el segundo piso, y tumbada en la cama me cubro con las sabanas empolvadas, el espejo me muestra el reflejo de una herida en mi frente... De pronto una fuerza invisible me lanza hacía el suelo, cuando me levantó veo delante de mí a un hombre vestido de payaso, comprendo que él es el autor intelectual y físico del terrible hecho. Corro antes de que atrape mi diminuto cuerpo... Pero él no me persigue sólo recita cual poeta "Sucumbirás pasivamente y la sensación de tus deseos controlará la vana ilusión del fuego, ansiosa vendrás hacía mi dulce melodía, no puedes evitarlo, eres un fruto maduro colgando de un árbol, ¡¿me oyes?!".