miércoles, 18 de marzo de 2015

La historia es la siguiente (Adicciones)



Más allá de cualquier broma que puedan hacer del siguiente tema, esto es algo serio, y es en verdad un Gran Mal Pedo (ja).


Hace rato cuando recién llegue a casa de mis padres, vi como se llevaban a mi vecino drogadicto, sus papás y los de la "granja" intentaban montarlo a una camioneta. Y pensé: en primer lugar, he de decir que a mí siempre me ha parecido una estupidez el que las familias ingresen a “granjas” a sus dizque seres queridos (já). Veamos... cualquier sustancia que uno consuma (incluso la terrible heroína) tiene su contrasustancia (o una que es como placebo y que, se supone, es menos dañina); hasta donde el sentido común me da, en cualquier pulguiento centro de salud lo pueden canalizar a uno con su “problema” (es decir, hijo pachequito, marido súper pedo, abuelito cristaloso) a otro mugriento hospital donde un "doctor" experto en “problemas” le recetará al nuestro su contrasustancia. Luego, con mucho amor y unos cuantos chantajes (como “si tú sigues chupando, yo voy a salir a prostituirme”) terminan por convencer a su Ser Querido de bajarle de güevos. Sí, ya sé que se requiere mucho más tiempo, esfuerzo y fracasos constantes que llamar a los de la “granja” para que se lleven a nuestro “ser querido” y aprenda con la terapia ocupacional de armar collares para subir a venderlos en los pinches micros. En segundo lugar, eso de que existan “granjas” ya es bastante medieval, ¿no? Para empezar, ¿en qué momento se supone que alguien ya no está capacitado para decir “no” y ser respetado en su decisión? ¿Dónde queda el libre albedrío del ser humano por el cual fuimos condenados a esta vida efímera y mortal (según la Bliblia)? Puede llevar uno diez días chupando, pero uno sigue siendo una persona, con límites físicos y espirituales respecto a las demás y capaz de decir “sí” o “no”. ¿Existe en las malditas leyes un artículo (o apartado) que diga cualquier baratija que sirva: (copio el estilo enrevesado del carta manga) “(…) habiéndose probado que la adicción a sustancias psicoactivas provoca en el Ciudadano falta de discernimiento, éste perderá sus derechos básicos, asumiendo un mentor responsabilidad sobre él (amén)”? Si así fuera, qué ojete, ¿no?. Pero creo que ni siquiera lo hay; entonces, no sería, digamos, ilegal, el que alguien llame a los de la granja para que se lleven a el "problema", o el simple hecho de que existan las mugrientas granjas.

Por si fuera poco, las “granjas” han probado ser negocio de entes torcidos y enfermos mentales que leen la Biblia (súper mal), la interpretan (peor) entre otras cosas. Esto provoca que la bandita "rehabilitada" vaya por ahí diciendo que “Cristo Jesús los alejó de las adicciones”. Con todo el respeto que Cristo se merece, pero lo más probable es que el camino hacia la desintoxicación no haya sido señalado por Yisus, sino por la desintoxicación misma (digo, en el caso de las sustancias menos recias), y después de unos días de infierno (bueno, de sufrimiento físico bien gacho), los neurotransmisores de la choya requieran cada vez menos la intervención de nuestra sustancia para funcionar. Y supongo que, con mimos y placebos, ese el programa que administran en Oceánica y otros centros para “personas con problemas”, porque claro, como corresponde en un país clasista y racista como mi hermoso y culero México, los nacos prietos son “drogos” "escoria de la sociedad" y los fresas con recursos “personas con problemas psicoafectivos que han caído en el uso de las sustancias en busca de una salida a sus problemas” (já, sí como no).

Ahora, si es cierto que desde la consigna para chingarse a la banda de la calle (perdón, queridos lectores, “confinarla a elegantes centros de rehabilitación para su reintegración en sociedad”) fue avalada por la SSP, estamos en serio muy pero muy jodidos en este país tercermundista. Me parece que esta no es otra noticia amarillista que prefigure el fin de los tiempos de todos los días, sino una clara señal de que como país y jodida sociedad ya no tenemos ni bendita idea de lo que son las garantías básicas ni respeto por “la otredad”, ni compasión,“imaginación del Uno en el Otro” (aunque sea empatía) y que somos una sociedad de mierda.


Y digo, ya que estoy especulando un poco enojada y con sentido del humor, se me ocurre sacar a colación, que la colusión de nuestras autoridades por ver el centro libre de gente de la calle ("drogos", enfermos mentales, mendigos...), porque, como se sabe, el Centro Histérico se ha convertido en el gran botín turístico con sus corredores bonitos, sus callecitas cerradas al tránsito y etcétera de ciudad dizquecivilizada. Esto los ha llevado a quererse deshacer de todo lo que consideran "mierda", arrojándola lo más lejos posible (como a la Guerrero, a la Doctores y otros tantos lugares más). Por ejemplo, los libreros de viejo del Callejón Condesa han sobrevivido nomás por un viejísimo grupo que los cataloga como “entorno cultural”, pero son constantemente hostigados por la tirana de los alrededores.

En fin, eso es todo lo que tengo que escribir hoy... pero ustedes qué piensan.