domingo, 17 de agosto de 2014

Necrofilia

Hay algo en su mirada muerta que me hace pensar que colecciona corazones codiciosos; su cuerpo erguido es frío yeso que adorna siempre con elegantes vestimentas ostentosas, su estilizada silueta proyectada como esbozo de sombra sobre el suelo es constantemente observada por ingenuos que anhelan ser devorados por sus dientes brillantes como la porcelana,  poco a poco, en pequeños trozos hasta convertirse en replicas perfectas una de la otra. Dentro de su sustancia navegan venas sin conexión a un órgano palpitante, es como si tuviera un corazón metálico. Su virtud es ser paciente. Su defecto es la arrogancia. Creo que estoy enamorado de su banalidad, de su perfección física; si no fuera por aquel pequeño detalle de  uno de sus dedos meniques, el de la mano izquierda es ligeramente más corto que el de la derecha, pero no importa, yo tampoco soy perfecto. 

Al verla, siempre siento de inmediato un impulso que me tienta tenerla fuera de la vista de todos... Entonces, me doy cuenta que he vuelto ha divagar como de costumbre; sacudo la cabeza y respiro profundo para comenzar de nuevo a observar fijamente cada aspecto de ella, tomo una hoja de mi libreta junto con el lápiz mordisqueado de las orillas y comienzo a dibujar el retrato de su materia;  súbitamente, de la nada,  ella se percata que la miro, pero no cambia el gesto, asumo entonces que le agrada mi compañía; sonrío discretamente.  De pronto a lo lejos vislumbro una pequeña figura, es una anciana de paso lento, que obstruye la visión de nuestras miradas, la vieja está a punto de cerrar la cortina,  yo me muevo lo más rápido que puedo para detenerla, pero en el apuro olvido mi libreta, me devuelvo al darme cuenta, la tomo, regreso velozmente para evitarlo, pero es demasiado tarde, la cortina es cerrada lentamente en manos de la anciana, desesperado busco su perdón, mis ojos como serpientes danzantes intentan enredarse en sus estáticas pupilas, pero es en vano, ella me mira inanimada; mis labios entrecortados le susurran " mañana"; algo cruje dentro mío... La mujer de edad avanzada se va. Me repito "mañana, lo prometo, mañana te sacaré de ahí". Mientras tanto me conformaré contemplando el dibujo que hice de ti, en secreto, en silencio, nadie, en lo absoluto, podría saber de quién estoy enamorado, o ¿acaso alguien lo podría adivinar?. Esto sólo es un asunto de dos.   

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