domingo, 3 de agosto de 2014

Ahí no hay nada

La tristeza, la melancolía (o como la llamarían los expertos en la materia: depresión moderada),  el odio, como también el optimismo, la plenitud,  el ser positivo... me parecen muchas veces una evidente farsa cuando estos sentimientos y emociones han sido tildadas como "estados supremos" para crear; por eso me centraré en uno de ellos: la tristeza. El concepto que se tiene inconscientemente de algunos aspectos del arte han sido descritos por gente desde afuera del campo, pero también por gente que se presupone: "bohemia" "creativa" "artista" "profunda"...  Esto para mí es un tanto odioso y aburrido, porque si hay algo de lo que puedo escribir sin que me lo cuenten es acerca de esa bruma gris que imposibilita seguir el camino y te deja varado en medio de la noche. He escuchado miles de veces decir a miles de bocas que son más "creativos" o "artísticos" cuando están en "los estados máximos" que otras formas de estar ante la necesidad de crear "arte" (y, por cierto,  hoy en día, las redes sociales —con las que no cuento pero sé cómo funcionan– lo fomentan todo el tiempo)  junto con la cultura de retrete barata y simplista (que está en boga) ayuda en demasía  a que se reproduzca dicha idea como receta para hamburguesas de comida rápida y  que asimismo llegue hasta tu manipulable cerebro.  Es una vil tomadura de pelo que la soledad comunal ante una computadora nos esté alimentando. Que la tristeza es un requisito del "artista", es otra falacia más. Los tristes normalmente vomitivos lugares comunes donde todos creen que yace la originalidad y que cientos o miles hacen suyos; es donde el aullido lastimero de algunos proclaman: “el mundo apesta”  y casi en automático se creen Cioranes, pero también pasa con lo opuesto, dicen: “el mundo es grandioso” y de pronto se le considera militante New Wave,  banales e ilusos; eso es una estupidez. Aunque también creo que es una gran verdad, valiosa y real cuando los grandes pensadores tomaron nota de dichos temas porque, fue, es y será siempre desde una perspectiva y reflexión verdadera, amplia, y no desde el simplismo de las verdades obvias. La "profundidad" que nos regalan a la falta de imaginación (propia o del "artista") y/o al lugar común de los vampiritos emocionales o mercaderes de la desgracia capitalistas son quienes contemplan las  grietas de  nuestras chollas, y no hacen más que un estereotipo de la posmodernidad: personalidades decadentes.

Creo que la tristeza muchas veces nos es un vicio; aunque créanme no hay nada bueno en ella, nada, absolutamente nada. Es estéril. Pero la difrazamos con delicadeza. Y, claro a veces se puede expresar de forma artística en un acto creativo, erotizando a Thanatos. Creo que quien tiene por leimotiv a la muerte, a su depresión o "locura", y busca en ello forma y fondo artísticos, no lo hace para no suicidarse, sino para cabalgar su tristeza, en sus miedos, en lo desconocido: encuentra el espejo de la vida y por añdidura, la felicidad. Busca conocerse más a sí mismo. ¡Ah! por cierto,  mucho menos creo que necesariamente los "estados superiores o máximos" sean los ideales para ser más "artísticos" que sus opuestos. 

En fin, para terminar este tema, cito a Gilles Deleuze:


"La tristeza no nos vuelve inteligentes. En la tristeza estamos perdidos. Por eso los poderes tienen necesidad de que los sujetos sean tristes. La angustia nunca ha sido un juego de cultura, de inteligencia o de vivacidad. Cuando usted tiene un afecto triste, es que un cuerpo actúa sobre el suyo, un alma actúa sobre la suya y la somete."