miércoles, 7 de mayo de 2014

La historia es la siguiente (Dos gatos)

Últimamente me gusta conocer la alteridad en mí, en parte por gusto propio, pero sobre todo por la exigencia de autoexploración que me exige mi actual trabajo; estoy aprendiendo a no ver a mi álter como incomodo, egocéntrico y estorboso, sino más como un misterio por descubrir. Como mujer que soy, pienso que no estoy hecha de una de las costillas de nadie (o lo que signifique eso), yo estoy hecha de barro del suelo, a la par del primer hombre; mujer que en algún momento posa sus manos sobre sí misma y descubre que tiene un cuerpo sensible, un alma que morirá y un espíritu eterno. En fin, eso es tema de otra noche.

Hoy sólo tengo ganas de compartirles algo breve, pero no por ello deja de ser una joyita; antes, debo aclarar que cuando conocí el siguiente haiku fue gracias a un libro que mi madre me regalo de poesía japonesa, en aquel tiempo (adolescencia) yo no sabía cómo se  le llamaban a estos versos, sin embargo, recuerdo que yo solía recitárselo a mi querido gato (difunto), Minico.  He aquí:




Gato, tu amante 
anda sobre la estufa 
tras una cita. 

Basho.

Bueno, ahora es la hora en que mis vecinos estacionan sus autos y suben con prisa las escaleras hacia la terraza de su hogar. Hora en que empieza a llover. La hora en la que el hijo pequeño, varón y gordo de los otros vecinos me saluda desde su ventana, mientras que yo finjo que no lo vi. La hora en que los pies ágiles, pero  desorganizados de una fémina llamada Grecia, caminan sobre  un par de tacones de botines con los que sus pasos hacen un ruido muy sonoro de mujer decidida, es la hora donde dejo de escribir aquí y en que me voy a escuchar a David Bowie como si tuviera 20 años.


P.D.: Les dejo unas fotos del francotirador fotográfico (yo) de mis mascotas, quien constantemente, acosa la intimidad de algunos gatos de su preferencia.