miércoles, 15 de enero de 2014

La historia es la siguiente (Legión de solitarios)




Como una sombra solitaria que se pierde en su propia luz, ella (mi superyó) se arrastra como cuerpo lánguido que se arroja a la hoguera del amor para convertirse en una altísima torre, la cual se convierte en si misma un observatorio alejado de la vanidad y de la banalidad desde el cual a veces es auto-crucificada y así ve pasar al mundo. 



Pues bien, este año debería aprender a ahorrar dinero por fin y a proyectar argumentos contemporáneos en páginas y palabras. En fin, no daré más detalles de esos propósitos, pues no me gusta del todo. La historia de hoy es algo sencilla, pues hace rato que salí del médico pasé por unas calles que me hicieron recordar una etapa de mi vida y otras tantas (de sobra) vinieron a mi memoria; lo primero que busqué en cuanto salí del hospital fue el autobús, y en cuanto lo hallé con la vista éste estaba a punto de marcharse sin mí, tuve que hacer señales desde donde estaba con mis dedos, hasta dije el clásico "suben"  (en tono serio pero enérgico) para que se detuviera (Aquí abro un paréntesis; no sólo porque estoy inspirada y puedo intentar burdas experimentaciones chafas con mis textos, sino porque tengo, de paso, que hacer una confesión: pertenezco a la "legión" de los solitarios. Alguna vez intenté negarlo y busqué tener muchos amigos (hace muchos, pero muchos años) y  "hacer" una pandilla con otras almas perdidas; perdí a la mayoría de esos "amigos" y bendito sea Dios, él mismo me impidió hacer  "esa" pandilla. Así que a diez días de cumplir 21 dejé de ver a estos "amigos", con una cabrona necesidad de hacerlo, porque soy solitaria y porque realmente no me convenían esas amistades. Y para que no piensen "Grecia, siempre exageras", les compartiré una hazaña demasiado vil de una de esas "amistades", en este caso era una chica, la cual intento seducir a mi padre, se robaba mis discos, prendas de vestir, perfumes, libros, tenis, zapatos, diarios... todo lo que cabía en su mochila escolar, es más, hace unos años terminó por agredirme físicamente en la calle. ¿Qué tal? ¿Eh?.  Pasé los cuatro primeros años de mi vida sin hermanos ni amiguitos y luego tuve que tolerar durante mi estancia en el Kinder a muchos escuincles, que ahora son "adultos"  que me fastidiaban un chingo, nomás por estar; no me hacían nada, bueno, uno o dos, quizá hasta tres compañeritos sí me molestaban y en especial había una niña horrible (entienda, usted, lector que no era por su aspecto) que lloraba porque yo nunca le prestaba mis lápices o mis juguetes. En este caso, Costantino F. (mi álter ego) se reiría mucho con la estúpida frase trillada "infancia es destino", pero de cierto modo parece tener validez, sólo cuando el individuo lo acepta. Entonces hoy en día agradezco mucho poder saber qué es estar solo en "mi" casa porque en la casa de mis padres casi nunca hay nadie, todos trabajan, se van de vacaciones, y si bien, esto no es del todo estar solo, les puedo asegurar que si alguien hace ruido soy yo; si alguien chilla, soy yo; también me río sola; si quiero no contesto el teléfono; si quiero no me baño; si quiero veo películas todo el día, si quiero no abro la puerta, y, sobre todo, nadie me dirige la palabra si no se lo solicito. Y eso me da igual en todas partes (escuela, oficinas, centros deportivos, etc.) no necesito "amigos", no me interesa que me acepten o me rechacen, yo no soy así. ¡Caray!, soy toda una soberana misántropa. ¿Por qué no lo entienden?) y como detesto levantarme muy temprano, lo único que deseaba al salir de la consulta era correr a mi cama y dormir un poco más, así que corrí, como si de veras amara ser una pinche holgazana. Me trepé alegremente, pensando "ahorita, sin tráfico, en veinte minutos llego a mi casita". Mangos; a recoger almas perdidas sobre la avenida; a eso se dedicó el chofer. Y, luego, en un misterioso giro narrativo, el mismo (chofer) eludió dos semáforos en rojo y se fue por no sé donde carajos pero como alma que lleva el diablo; verdadera maestría para agarrar las curvas de bajada junto a los volteos. La verdad, por un segundo me entusiasmé. Me agrada bastante la gente que corre riesgos, incluso a costa de los demás, así que por dos segundo (sólo por dos) tuve la esperanza de que el cafre ese compartiera mi pasión por la vida, en su expresión más vital y salvaje; pero algo me hace pensar que tengo razón en asegurar que el puto dinero iba de por medio. Ninguna historia es totalmente hermosa, por lo que se ve. Bueno, me he contagiado del chorro creativo que sufren algunos escribanos, y, como ellos, he olvidado mi argumento: soy un ente solitario, trabajo sola, me agrada la soledad, y son contados con los dedos mis valiosas y verdaderas amistades en este mundo. Sí, sé que estoy rodeada de mucha gente todo el tiempo, pero yo sé a quién le importo como ser humano. No soy ingrata ni grosera, agradezco de sobremanera las atenciones a mi persona, pero mi naturaleza es como la del lobo, un lobo similar al de Hesse.  Así que cuando no me encuentren, sepan que soy como el Fénix de  Saint Seiya: Siempre emergiendo de entre la soledad.