domingo, 5 de enero de 2014

Imaginario

Abro los ojos, los oídos, todos los sentidos, sin entender ni una sola palabra de tu poesía. Tus manos me parecen como gritos furibundos que sacuden mis tímpanos, pero que acarician tempestuosamente con susurros cristalinos, que como pequeñas agujas se meten en mi carne y me inyectan: en el infinito. Como rayo furibundo, es tu cuerpo, una estatua, suspendida en el aire, que se llama así misma Ligeia enamorada. Tus ojos siguen los rastros de la estela en el regazo; que cada vez está más dentro de ti. El caracol de mi oreja poco a poco te descifra, como si tu alma sólo pudiera tocarme íntimamente. Que haga Dios de mis palabras un verso afable y recibas de mi voz bellos cristales marinos. Te nombras Ligeia y Acertijo. A cambio, a mi corazón llámale ofrenda y acógelo en tu pecho, que no hay belleza más exquisita que la melancolía y el mar enamorados.