viernes, 4 de octubre de 2013

... a mí


Esa tarde escuché los tambores -del génesis del ritmo- en mis tímpanos: eran pasos. Mi corazón se aceleraba al ritmo de danza de los pájaros en el cielo; mi cuerpo chorreaba gotas de sudor hasta convertirse en un charco de agua en el piso, o peor aún,  un pedazo de mantequilla partido a la mitad por  un cuchillo caliente...  ¿Cómo podía llegar hasta el capítulo anhelado?.  No lo he descubierto;  el cinemascope ha terminando su primera filmación dentro de mí;  buscaré notas pérdidas, tallaré las sombras de aquélla poesía acusada de locura perpetua, descubriré el patrón de complicidad a través de la corriente oscura que emana de la misteriosa paradoja del camino en espiral en el agujero del placer y dolor que hay en mí. Pero esta vez, esta vez me guardaré completamente sólo para mí .