miércoles, 23 de octubre de 2013

La historia es la siguiente: Caja de objetos

Hace varios años que compré una caja antigua hecha de madera color verde, dentro de ella, se gurda todo lo que denomino como desenajenación de los objetos de diferentes épocas; es una caja como medio metro de largo, 25 cms de ancho y otro medio metro de profundidad que fue destinada recientemente a ayudarme en el proceso de "memorar". Son objetos que yo misma me encuentro y que sé que no pertenece ningún lugar pero que tampoco sé dónde debería estar o “no encuentran lugar”, así que les doy alojo en mi caja. Se trata sólo de objetos enajenados que por algún motivo -que todavía no me ha podido explicar la física cuántica-, se enajenan en el lugar en el que se encuentran, “no es su lugar”, pero cuando yo les adjudico otro puesto tampoco se sienten cómodos, en consecuencia, andan rodando de un lado para otro y siempre estorban o parecen “fuera de sitio”, se marginan y se descontentan con el universo esos objetos tan míos. ¿Todo se parece ir conmigo?.  Ejemplo de un objeto enajenado que yacía en dicha caja: una corazón de plata, está aplastado de frente, como si alguien lo hubiera pisado en un ataque de furia, su cadena está rota como si alguien la hubiera arrancado del cuello con ira. El corazón de plata nunca puede permanecer suficiente tiempo en el fuego (junto a una vela roja un poco derretida y que arde con una flama muy ligera y débil), suele ablandarse, así que lo muevo para encontrar otro lugar aún más insólito que la caja: mi buró. Es curioso, pero desde que llegó allí se ha sentido tan cómodo que incluso ha restringido la existencia de otro objeto que no sea él mismo con su brillo y su ilusión de ser observado como un objeto especial, con el deseo de ser una estrella bajo el cielo de invierno. Ha pasado el tiempo y sus deseos no suceden, sin embargo dejo que siga estando ahí; esto se debe, en parte, a sus propiedades físicas:  brilla su pecho en la oscuridad, por eso es lo primero que veo cuando me levanto en la noches y en las mañanas cuando respiro profundo al despertar; es el encargado, también, de velar por mi cordura (sí, mucho antes que mi cerebro); antes de volver a cerrar los ojos, su pecho me dice en clave morse: “no te preocupes, no está tan mal como crees, cuando esté mal todo y te estés quedando loca de a de veras, yo te aviso. Sigue durmiendo”. Es por eso que lo saque de ahí, en la caja no brillaba tanto como para mí. Pero también hay objetos inalienables como una llave que no me he decidido por tirar.
Objeto enajenado: broche de mariposa sin antenas.