lunes, 30 de septiembre de 2013

La historia es la siguiente



Hace poco recordé cómo es que fue mi primer beso, sé que para muchos -si no es que para la mayoría- es un recuerdo que los hace sonreír, pero a mí por el contrario no lo hace: me sorprende.


Corrían los últimos meses del año cuando los acontecimientos por la fiestas patrias en mi escuela primaria dieron lugar a un evento traumático en mi tierna infancia. En algún lugar de Altavista de cuya ubicación exacta no puedo acordarme ahora, se reunía una comitiva de estatura pequeña (por la edad) y algunos adultos (o sea, la profesora Santa y Dolores, quien protagoniza la anécdota, un niño rubio y hartos chamacos quienes participarían en el evento de la (ya mencionada) primaria en la que yo estudiaba); corrían alegres por el salón todos los infantes que ya se les había seleccionado una pareja para bailar y disfrazarse con trajes típicos mexicanos, las profesoras, por su parte, discutían los pronósticos de dicha presentación y otras cosas. La protagonista de la anécdota por alguna razón estaba insatisfecha por el niño que le habían asignado para el evento, así que se dirigió con su maestra Santa y añadió: "no me gusta que Juan Carlos me mire como me mira, profesora", suponiendo que con eso sería suficiente para que cambiaran a su compañerito por uno más de su agrado.  De ningún modo eso pareció importarle en lo absoluto a la maestra Santa ya que respondió: "no voy hacer cambios, aprende a trabajar con él". La niña no tuvo otro remedio que aceptar su penitencia, la protagonista regresó con la cara gacha a su lugar de ensayo. Él, el niño, la seguía mirando, ella intentaba ignorarlo, pero él parecía un soldado firme -no parpadeaba a la hora de estar cerca de ella-, cuando súbitamente el varón, por desgracia, tuvo una iniciativa fuera de la coreografía: tomo la cabeza de la niña haciendola girar hacia la suya, apretó sus mejillas y plantó un beso en los labios castos de su compañera. Después se apartó de ella de forma brusca, la niña lo miraba con odio, una sensación eléctrica la recorría de pies a cabeza, no comprendía lo que sucedía con exactitud; sin embargo respondió al acto del precoz compañero con una bofetada, a lo que el mocoso Juan Carlos respondió: "tú serás mi novia y a mí ninguna mujer me pega", mientras éste le regresaba la cachetada a la pobre y cándida niña. Con posterioridad, y habiendo encontrado al director de la escuela, la pequeña expuso su caso y todo lo acontecido ese día, por lo que se decidió que ambos niños no participarían en el bailable.



Moraleja: niñas, no confíen demasiado en un niño que parece en apariencia inocente, suelen dan sorpresas.